Sus memorias brotan, sus dedos acarician las fotografías. Imágenes pasan frente a sus ojos, revive los momentos: la calle llena de ilusiones de su infancia, los gritos en la cima de la montaña, los abrazos que fueron... y un escalofrío le recorre la espalda. Siente la caricia de sus fantasmas. Se lleva la mano al corazón mientras se pregunta: ¿Qué hago acá?
Lo perdido y olvidado llega a su presente y un sollozo se escapa de su boca. Cuanto más mira, más honda es su nostalgia. No puede parar de recordar, hasta que una imagen lo saca de su hipnosis: un vestido azulado paralizado en el tiempo, una mirada que le sonríe y el amor que todavía recorre las venas.
Recuerda… la piel suave que su tacto anhela, el perfume que su olfato resucita, el beso que su boca suplica. ¿Dónde quedó la felicidad? ¿En qué pasado se le olvidó lo que se sentía? La caja se le escurre entre los dedos. Las fotografías se esparcen como hojas muertas a sus pies. El sol se apaga en el horizonte. No se inclina a juntarlas. Vuelve a su presente, mientras una lagrima despide al pasado, esfumándose en la oscuridad.
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