domingo, 2 de agosto de 2026

Chi-chi

Chi-chi
un escalofrío danza por mi columna
 mientras retumba el eco
 en el agujero que habita mi pecho

Chi-chi
tiembla la sonrisa torcida
 se quiebra la mirada inocente
 y es el amanecer quien desaparece

Chi... chi...
un silbido contorsiona mi alma
resquebraja los huesos
 incendia la carne que falta

La sombra golpea con su voz
un rezo dirigido al inframundo
que me vengan a buscar
ya no existe el tiempo

sábado, 13 de junio de 2026

Lo que guarda un corazón

En el corazón caben muchas cosas:
un espejo sucio,
una máquina de escribir con las letras borradas.

Un poco de tinta derramada
sobre libros repletos de marcas,
el cuadro que espera ser colgado,
un reloj roto sin noción del tiempo.

Les voy a contar un secreto:
en mi apretado corazón 
guardo una máquina de analogías 
con los rollos aún vacíos.

Tal vez otros jamás entiendan
qué tesoros pueden guardarse ahí:
las antiparras quebradas de victorias,
las piedras dispersas en círculos,
los hierros fríos de ausencias,
un puñado de cartas
que anhelan un final.

Hueco existencial

¿a quién veo en el reflejo?
O capaz sea una cosa
sin forma ni textura
hecha puramente de agua

Siento lo que viene de afuera
me amoldo al recipiente
transparente intento llenar vacíos
pero acá dentro no hay nada

Corro en las bajadas
sin detenerme
me hundo y no sé como llegué hasta acá
me muero ¿que soy? ¿quién soy?

No sé desear
ni querer
fluyo según el compás
me inclino ante cualquier ley
¿Dónde quedó la razón?

El amor no calienta en mi interior
cómodo sonrío con el reflejo de quien me mire
ese es mi valor
Acaso cuando repose en el mar
recuerde mi nombre
y deje de ser reflejo.

sábado, 30 de mayo de 2026

El último poema de amor

¿Alguna vez te dedicaron 
un último poema de amor?

De esos donde la tinta se derrama, 
donde dibuja, 
donde desangra la herida.

Derrotado bajo esta prisión, 
atravesado por palabras asesinas, 
me visto con la máscara del desamor 
para escupirte las últimas estrofas del amor.

¿No soy acaso estas palabras?
¿O soy el fuego que las consumirá?
¿O soy la basura donde descansarán?
¿O soy el silencio que las olvidará?

Nacidas de mis venas, 
nacidas de la agonía, 
nacidas para morir en la niebla de tu mirada

¿Por qué te vas
sin escuchar hasta el final
las últimas sílabas de la desesperación?

El reloj, oculto en las penumbras, 
rebobinará las promesas, 
borrará el tiempo que aún no existe

Nada quedará.
Ni el fuego. Ni la niebla. Ni las promesas.
Salvo estas tristes, inevitables,
últimas palabras del último poema de amor.

lunes, 25 de mayo de 2026

Medianeras

¿Dónde comienza el amor?
¿En qué intersección dos corazones se entrelazan,
cuando las miradas se iluminan
y la luna deja de pertenecerle a la marea?

¿En qué momento los días se llenan de colores?
¿Cuántos obstáculos debemos atravesar
para encontrarnos al fin
y bailar nuestra canción?

¿Cuántos senderos caminaré en soledad
hasta que tu mano se una con la mía?
Si acaso mis lágrimas siempre fueron tuyas

¿Cómo funciona el destino,
que nos cruzó tantas veces,
siempre tan cerca,
esperando el instante de encontrarnos?

¿Qué hicimos para merecer tanto cariño?
¿Qué tuvimos que romper
para que, entre tanta oscuridad,
entrara por fin la luz?

¿Y qué se siente encontrar el amor?
Yo te lo puedo decir:
mi corazón lo grita en cada latido.

miércoles, 20 de mayo de 2026

Elogio a las letras

Letras dispersas
golpean desde dentro,
apuradas por salir,
por gritar verdades,
por ser escritas en el papel,
por llevarse una parte de mi alma.

Letras atesoradoras
naufragan en las profundidades,
y es mi lápiz quien las encuentra,
las elige y las reúne,
las dibuja con devoción,
les entrega su sangre en forma de tinta
para que cobren vida.

Letras ancestrales,
nada sería sin ustedes.
Atravesado por todas,
forman mundos tras mis ojos,
dan voz a las emociones
y encienden la llama
de la pura creatividad.

Corazón en ascenso

El sendero florece ante sus pies,
su caminar es pesado.
En el firmamento opaco
se dibujan los primeros rayos.

La espalda encorvada,
el sudor frío recorriendo su sien,
y entre las manos su única carga:
su corazón palpitante.

Una estela de sangre lo persigue;
sombras se esconden entre las piedras.
Él nada percibe ni se inmuta:
su vista permanece fija en la cima,
testigo silenciosa de su ascenso.

El latir resuena como un eco,
se pierde entre las montañas,
baila al compás del canto de los pájaros.
¿Logras escucharlo?

En las alturas,
el horizonte se postra a sus pies.
Un mar de nubes recibe su ofrenda,
la brisa lo abraza,
y son sus lágrimas las que vuelan:
limpian,
acarician,
sanan.

Chi-chi

Chi-chi un escalofrío danza por mi columna  mientras retumba el eco  en el agujero que habita mi pecho Chi-chi tiembla la sonrisa torcida  s...