un espejo sucio,
una máquina de escribir con las letras borradas.
Un poco de tinta derramada
sobre libros repletos de marcas,
el cuadro que espera ser colgado,
un reloj roto sin noción del tiempo.
Les voy a contar un secreto:
en mi apretado corazón
guardo una máquina de analogías
con los rollos aún vacíos.
Tal vez otros jamás entiendan
qué tesoros pueden guardarse ahí:
las antiparras quebradas de victorias,
las piedras dispersas en círculos,
los hierros fríos de ausencias,
un puñado de cartas
que anhelan un final.