plasmada en tu piel,
el peregrinaje sagrado de mi mano
que descubre constelaciones.
Sos el fuego que enciende las estrellas,
el río que lava mis heridas,
el terremoto en los cimientos,
la poesía que nunca termina.
Sos la fuerza de la convicción,
el cielo abierto de la libertad,
la llama que arde en tus lunares,
el alma desbordada de canciones.
Sos la pregunta retórica,
la manía de volarme la cabeza,
el impulso de la revolución
que acelera mi corazón.
Sos las coordenadas en tus comisuras,
el precipicio que me hace temblar,
la mirada por la que enloquezco,
el plan que elijo.
Sos el principio del amor,
el incendio que no quiero apagar,
el hogar al que siempre quiero volver.
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