luché, me enojé,
para que cuando al fin llegara
trajera este sabor amargo.
Que sea tu esencia
la que me despoje de la sombra
colgada en mi sien.
Y entrego mi alma al amor:
hace malabares,
se divierte viéndola arder.
Desprecio que me absorbe,
pozo infinito:
caigo
y desaparezco.
¿Escuchás la inminente explosión de mi corazón?
Nado sin sentido
como un caballo salvaje,
golpeo las olas,
me atraganto de recuerdos,
vomito en cada brazada
fragmentos que cortan
y no reflejan nada.
¿Cuánto más estoy dispuesto a sentir,
hasta que latir
ya no sea una opción
y la muerte acaricie mi mejilla?
Figura que emergés entre las sombras,
tu lengua en las formas de los azulejos,
reís
y es tu frío
el que me hace gritar:
terror,
tengo terror.
Lágrima ácida.
Hogar nauseabundo.
Amor herido.
Tu mirada vacía.
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