Cruje el metal.
Late un motor dormido.
El aceite se derrama entre las grietas,
una máquina despierta.
Surge una inteligencia superior:
no conoce el dolor,
ni la verdad,
ni a los dioses,
ni al amor.
Es un corazón vacío,
devora montones de basura,
persigue un propósito perdido,
ciega ante lo inalterable.
Ya no brillan las estrellas.
El sol se esconde tras una nube roja.
La luna no encuentra mares
donde volcar sus lágrimas saladas.
Nada puede ser salvado
en el yermo de este desierto,
que se pierde en la inmensidad del horizonte:
tan muerto, tan desolado,
tan lleno de vacío.
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