miércoles, 26 de noviembre de 2025
Caída
martes, 25 de noviembre de 2025
Verdad soñada
Subía por las piedras
como quien regresa
a un templo olvidado.
El aire cantaba,
y una serpiente —
antigua, paciente —
envolvió mi sombra
y dijo sin decirlo:
“venís conmigo.”
En mi cuarto de madera
la luz era un animal manso,
y los perros corrían
como si el mundo
todavía fuera claro.
Yo era niño,
pero no un cuerpo pequeño:
era un espíritu lavado,
un latido recién nacido.
Hasta que llamó el pasado.
Entró un hombre de negro,
cansado de sí mismo,
con la voz llena de polvo.
Habló sin parar,
como quien teme callar
y escuchar lo que duele.
Salí un momento
y al volver lo encontré
desnudo de vergüenza,
temblando sobre su culpa.
Me miró como a un juez
y yo lo miré como a un hermano.
Le puse música,
abrí el pecho,
bailé el carnaval
que cura lo que el silencio pudre.
Él me imitó
y por un instante
su sombra respiró.
Pero vio a la serpiente
crecer en la ventana
y quiso matarla.
Le gruñimos:
yo y mis perros,
guardianes de lo sagrado.
No se toca
lo que nos salva.
Se fue, llorando,
y por la rendija
entró un cachorro negro,
mínimo, hambriento,
como un nuevo comienzo
buscando ser cuidado.
Desperté feliz
como si el sueño
recordara quién soy.
La pieza era oscura,
pero adentro mío
la serpiente
seguía brillando.
viernes, 21 de noviembre de 2025
Azul
No hace falta que caiga la noche:
ya está aquí,
detrás de mis ojos,
fuera de todo alcance,
la mayor de las negruras.
Hace tiempo
desaparecieron los colores.
Agentes extraños,
vestidos de impostores,
arrebataron cada foco de luz
y cerraron con sigilo esta celda,
sumergiéndola en sus confines,
en una oscuridad absoluta.
Se siente frío,
casi mortal.
Ni el suspiro se escucha,
ni se oyen las lágrimas caer.
Ya nada importa en este yermo:
nada llega,
nada sale.
Pero quisiera contar un secreto.
Allá en las profundidades,
muy dentro de las ruinas,
hay una flor oculta,
de un intenso azul.
Permanece tan honda
que apenas deja filtrar su luz.
Nadie la encuentra
porque a nadie le interesa buscar.
Un tesoro abandonado,
yaciendo en lo más hondo,
solitario hasta el final,
apagándose de a poco,
perdiendo su azul,
hasta morir como todo
en un silencio
demasiado perfecto.