lunes, 23 de febrero de 2026

El caballero de la luna roja

Ésta es la historia de un caballero errante.

Nació en una familia humilde, hijo de guerreros. Creció entre montañas y acero, aprendiendo que el honor era ley y que la muerte no debía temerse. Pero su corazón, inquieto y curioso, encontró otro refugio: la palabra. Entre combates y aventuras escribía poemas, y en ellos dejaba lo que la espada no podía decir.

Era valiente. Era justo.

No temía ni al diablo ni a la muerte, porque ambos habían sido compañeros en su camino.

Pero tenía una debilidad.

El amor.

Y esa debilidad lo hería más que cualquier arma.

Durante años no escribió. La vida y las decepciones se habían encargado de arrebatarle la voz. Se dedicó al trabajo, al deber, a honrar a su familia. Convenció a su pecho de que latir menos era la forma más segura de sobrevivir.

Hasta que la encontró.

En una cascada escondida, en lo profundo del monte, la vio. Su cabello rojo ardía entre el agua como una llama imposible. La suavidad de su piel, el sonido de su voz… todo en ella lo cautivó. El mundo pareció inclinarse hacia su presencia.

Y él cayó.

Le habló de amor antes de comprenderlo. Le entregó palabras que llevaba años guardando. La tinta volvió a mancharle los dedos con urgencia, como si temiera quedarse otra vez sin voz. Cada verso era una caricia adelantada. Cada promesa, un salto al vacío.

Su corazón llameaba de felicidad.
Creyó haber hallado aquello que le había sido negado.
Se quitó la armadura sin advertirlo.

Qué frágil es el hombre que ama sin medida.

La noche cayó cuando ella le dijo que ya no lo deseaba. No hubo gritos ni batalla. Sólo una frase limpia y definitiva. En el rostro que tantas veces había soñado vio una expresión que lo atravesó más que el rechazo: la indiferencia.

Sintió cómo algo dentro suyo se desgarraba.
La razón se volvió un murmullo lejano.
La sangre, un incendio.

Montó su caballo y huyó hacia las montañas. Galopó sin rumbo, rugiendo al compás de su corcel bajo la mirada distante de las estrellas. Se internó donde nadie pisa, donde el viento corta la piel y el silencio pesa.

Ya en la cima más alta, cayó de rodillas.
Esta vez no gritó.
Comprendía algo que recién entonces empezaba a revelarse: su corazón ardía demasiado.

Había amado como quien incendia bosques.
Había entregado todo, siempre.
Sin medida. Sin cálculo. Sin retorno.
Y ese fuego no cabía en la tierra.

Arrojó la tinta sobre sus hombros como si se preparara para un rito. Las hojas escritas con devoción volaron hacia el abismo. No las soltó por despecho, sino por entendimiento: lo que ardía en él no estaba hecho para quedarse.

La luna lo observaba.

No descendió por piedad.
Descendió porque reconocía lo suyo.
Su luz antigua rozó el pecho del caballero y vio allí una llama que no pertenecía a este mundo. Entonces se curvó.

Se volvió medialuna.
Y de un solo golpe, clavó su filo y abrió su pecho. 
El corazón, todavía ardiente, quedó suspendido en la luz plateada, latiendo como una estrella recién nacida.

La luna ascendió con él prendido a su resplandor.
Y al recuperar su forma redonda en el firmamento, ya no fue blanca.

Se tiñó de rojo.
No de sangre derramada.
Sino de fuego reclamado.

Abajo, en la cima helada, el cuerpo del caballero cayó sin violencia. Su pecho vacío no dolía. Por primera vez, el peso de sentirlo todo había desaparecido.

Había sido demasiado para la tierra.
Pero no para el cielo.

domingo, 22 de febrero de 2026

roto

Nadie va a venir a rescatarte
ese abrazo que tanto anhelas 
el amor que nunca llega
se queda a la vuelta de la esquina

Al igual que tu corazón 
desangrado por la razón
regalado al menor postor
tirado en la basura 

Las palabras no llegarán
tus estrellas se apagarán
y permanecerá esta luz negra
faro de tu destino

Ya no te quedan lágrimas 
los párpados arden 
se comprimen y gritan
hartos de tanto dolor

¿Adónde querés terminar?
lo vuelves a intentar 
vuelves a fracasar
pero ya no hay más sangre que derramar

Solo queda esta tinta
que de nada sirve

jueves, 12 de febrero de 2026

Hombre pájaro

Desapareció mi reflejo
espera tu regreso,
necesita que vengas en el suspiro
que me lleva el aire

Se esfuma la melodía 
su voz se pierde en el vacío 
abrazo tan fuerte a la nada
que pierdo el contacto con mi piel

¿Dónde me he metido?
perdido entre los bocados 
sin hambre 
¿Dónde escondí mis alas?

Lágrimas queman las partituras
desorientada mi alma
sumergida bajo mil cadenas
Miro el firmamento:
no hay más certezas

Mi hogar se fue 
con el canto del último verso
pájaro que sale al vuelo
y que bonito está el cielo
su luna llena quiere devorarme

Reniego de los juramentos
paranoico ante su ausencia
los besos se han ido 
me asfixia este desierto

Si vuelves, que sea por amor
si acaso fuera necesario 
buscaría en la oscuridad 
me perdería en cada abismo
                      en todo fracaso
hasta entrever la claridad del corazón 

Me arrancan a pedazos
cada fragmento acariciado por el agua
baila al compás de tu sonrisa 
no te acuerdas de mí
pero cada vez que tropiezo y no me caigo
crezco y parece que bailo

Mira: estás tocando las estrellas
de vuelta en las alturas 
ojalá te hubieras quedado aquí 
demasiado pasado que desandar

Que te desnude el alma
que te erice la piel
hay un sabor
que me derrumba entero
que estalla por dentro

Se hizo la luz en el infierno 
el mundo amaneció distinto
puede que no vuelva a ser el mismo.
Nada es imposible 
mientras suene esta canción 

Puede que mañana no nos quede nada
alzo la mirada 
ya no sé qué importa
salvo el poder del arte
que nos salva de una mala muerte
                         de una vida triste
                         de una sombra errante

Arde al compás que me atrapa
se me cae el corazón 
por las escaleras de este olvido
escucho al cielo temblar
cumplió su condena
y quiere ser suelo

Empieza por lo que sientes
ya encontramos la salida de esta herida
recuérdame de qué está hecha la vida
y el amor, que es puro viento
aunque muera en el intento de volar

Fundidos en nuestro abrazo
perdidos los puntos suspensivos
nunca vencidos

En el espejo vacío 
brota la canción 

no hay nada más